Iconografía: el grifo


“(...) donde se halla el rubí y la esmeralda y la perla de blancura deslumbrante y las perlas de gran tamaño con las que se inflama el afán de ostentación de las damas nobles; y los montes auríferos, a los que los hombres no pueden acceder a causa de los grifos y los dragones y los monstruos de cuerpos descomunales, para que se nos muestre qué clase de guardianes tiene la avaricia”. 

SAN  JERÓNIMO, Epistolae (Cartas) (Patrologia Latina 22, col. 1073) 



Dentro del repertorio de seres fantásticos que podemos encontrar en el amplio catálogo del románico cántabro, en esta ocasión hablaremos del grifo. Se trata de un ser mitológico, mitad felino mitad ave, cuyos orígenes se pierden en la antiguas Civilizaciones de Próximo Oriente.

Según argumenta Noelia Silva Santa Cruz (El Grifo, Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. IV, no 8, 2012, pp. 45-65): "Los grifos son representados habitualmente en posición estática con las cuatro extremidades apoyadas en el suelo, con una pata elevada en actitud de marcha, o sujetando entre sus garras otros animales, como bueyes o caballos. Más raramente aparecen atacando o siendo atacados por humanos. Es usual que aparezcan afrontados o contrapuestos en parejas." En época medieval se solían incluir en los bestiarios y en los libros de viajes o Mirabilia, sobre soportes miniados, aunque, según la misma autora: "Sobresalen aquellos ejemplos elaborados en bulto redondo, o alto y bajorrelieve, fabricados tanto en piedra, como en metales o marfil. Igualmente se rastrea su presencia en obras pictóricas, alcanzando una gran divulgación asimismo en el ámbito de los manuscritos iluminados".

La simbología del grifo en época medieval, se le suele asociar con su papel de guardián, dotándose de un carácter apotropaico, conjurador de la mala suerte y protector de difuntos. Del mismo modo, según Noelia Silva Santa Cruz, "... fue incorporado a los bestiarios, siendo moralizado y pasando a integrar los programas iconográficos figurativos religiosos, adoptando variados –y a veces contrapuestos– significados, ya fuera como encarnación de Cristo o del propio Satán".

En el románico cántabro encontramos bellos ejemplos de este ser mitológico, sobre todo decorando los capiteles de las Iglesias de Santa María de Piasca, Santa María de Yermo, o Santa María la Real en Valdeolea.

Más Información

  • Miguel Ángel García Guinea, Románico en Cantabria, Ediciones de Librería Estudio, 1996. 
  • Noelia Silva Santa Cruz (El Grifo, Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. IV, no 8, 2012, pp. 45-65)
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