Iconografía: el Jabalí


Uno de los animales que a menudo pasan desapercibidos en la iconografía románica, a pesar de haber abundantes representaciones, tanto por su sentido iniciático, relacionado con la muerte, como por la cotidianeidad de ser fuente de alimento y aparecer en numerosas escenas de caza, es el jabalí.

Este tipo de animal aparece relacionado con ritos de enterramiento de grupos Neanderthales de algunas zonas del Mediterráneo, según Jesús Herrera Marcos, “… existía la costumbre de efectuar los enterramientos de los varones con una mandíbula de jabalí en la mano del difunto”. En tierras cántabras, en la cueva de Altamira, ya encontramos en pinturas este tipo de representaciones. Se suele asociar, ya que aparecen dientes del animal tallados con diosas protectoras o diosas madre en algunos yacimientos neolíticos, con valores de protección, e incluso de fuerza o renovación por el carácter del animal.

Se trata, además,  según Herrera Marcos de animal habitualmente relacionado con la muerte  por sus hábitos carroñeros. En el mundo Celta, existen abundantes representaciones, ampliamente estudiadas por algunos autores. María Luisa Cerdeño y Emilio Cabanes destacan que “La existencia de numerosas imágenes de jabalí en la España prerromana, especialmente en el ámbito de la Meseta Occidental, nos parece interesante tanto por la interpretación que de ellas podamos hacer como por constituir un elemento más que parece avalar las relaciones que ciertas zonas peninsulares mantuvieron con Europa continental”. De este modo, a parte del valor simbólico y ritual, con ese carácter de muerte y renovación al que antes aludíamos,  se empieza a entrever la importancia del jabalí como aporte de alimento, algo que en la Edad Media derivará en representaciones de caza, que a menudo serán también relacionadas con actividades lúdicas de ciertos sectores priviliegiados.

El Jabalí aparece mencionado, algo que no debemos olvidar, en varias fuentes del Mundo clásico, siendo la más reconocible la que alude a la leyenda de Hércules, que en uno de sus doce trabajos ha de matar al enorme jabalí del Monte Erimanto. También en la Biblia aparece mencionado, aunque ya, y esto derivará en la simbología románica, como símbolo del mal, e incluso la encarnación del diablo, por su carácter de destructor, de desolador de campos.

De este modo, en la iconografía románica, encontramos dos tipos de representaciones del jabalí, por un lado exento, normalmente de cuerpo entero, con las orejas afiladas y destacándose el volumen del cuerpo. En este caso, este tipo de representaciones, bastante naturalistas, podemos encontrarlas sobre todo en canecillos, caso de los que reproducimos de Santa María de Yermo (foto 2) y San Juan de Villanueva de la Nía (foto 1). Por otro lado, también encontramos en el románico cántabro representaciones de este animal en escenas de caza, iconografía que repasamos en un post anterior, caso de la fotografía que mostramos de Santa María de Piasca (foto 3). Podemos encontrarlo también en la Colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar, y en San Juan de Raicedo.

  • Miguel Ángel García Guinea, Románico en Cantabria, Ediciones de Librería Estudio, 1996
  • Vicente Herbosa, El románico en Cantabria, Ediciones Lancia, 2002
  • Enciclopedia del Románico Digital, FSMLR. www.romanicodigital.com
  • Jesús Herrera Marcos, Bestiario Románico en España, Editorial Cálamo, Pag. 126.
  • María Luisa Cerdeño y Emilio Cabanes, El simbolismo del Jabalí en el ámbito Celta peninsular, Revistas CSIC, TRABAJOS DE PREHISTORIA 51 , n.o 2, 1994, pp. 103-119.
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