Iconografía: el ciervo


Representado en la doble vertiente de objetivo cinegético y encarnación del alma humana, el ciervo es uno de los animales más representados en la iconografía del románico de nuestra Región.

Partiendo desde las representaciones más antiguas, el ciervo es uno de los animales que primero comenzó a aparecer en la iconografía. Se tiene constancia de la participación de este animal en sacrificios rituales del norte de Europa  de hace 18 mil años en honor a la Diosa Madre; también en el norte peninsular, en torno al 12 mil antes de Cristo aparecen restos de este animal enterrados en cavidades artificiales, lo que implicaría también su uso en sacrificios rituales.
En el Paleolítico son muy abundantes las representaciones del ciervo, tanto pintados como incisos en las paredes de numerosas cuevas caso de las halladas por ejemplo en la Cueva de las Monedas, en Cantabria, y también en utensilios caso del bastón de mando de la Cueva de El Pendo. Según Jesús Herrera Marcos (Bestiario Románico en España, Cálamo, 2010, Págs. 103-104): “En el Neolítico se extiende en mayor medida la imagen, tal vez ya sacralizada del ciervo”. De este modo comienza a generalizarse la imagen de las figuras de ciervos y personajes femeninos con cabeza de ciervo, y también vasos con su forma, lo que tendría que ver con la sacralidad del agua y los fluidos vitales.

En Grecia el ciervo se consagra a Hera, la diosa del Amor, y Artemisia es protectora de las embarazadas, relacionándose con una leyenda griega que hablaba de una Isla dedicada d a la diosa dónde las hembras de ciervo acudían para dar a luz a sus crías. Reflejado en la literatura clásica, caso de la Historia Natural de Plinio, la Historia de los Animales de Eliano, o Los Animales Inteligentes de Plutarco, como un animal enemigo de las serpientes, lo que en época medieval se adoptó como encarnación de la figura de Cristo en su lucha contra el mal lo que se reflejo en siglos medievales en numerosas representaciones del ciervo y las alusiones al mismo que realizan San Agustín o San Ambrosio, por poner algunos ejemplos.
Una de las imágenes más características de este animal en la iconografía cristiana es la del ciervo bebiendo agua ( Salmo 42, Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de ti, mi Dios). El ciervo bebiendo se convirtió en un nuevo motivo iconográfico relacionado con el bautismo, y en sentido último con el propio alma del hombre, que se santifica tras recibir el sacramento que lo exorciza de los demonios. Aún así el alma es constantemente atacada por el mal lo que la iconografía románica refleja en las numerosas representaciones de centauros, animal mítico del que hablamos en un post anterior y que suele asociarse al mal o la barbarie, cazando al ciervo. Podríamos interpretar estas escenas como el ataque constante de las tentaciones o del mal al alma humana en este caso representada por el ciervo, la pressa, que ha de huir para salvarse.

En el románico cántabro encontramos representaciones de ciervos, sobre todo de cabezas, con su cornamenta destacada, en muchas Iglesias, caso de las de Las Henestrosas (imagen 2), San Martín de Hoyos (imagen 1), San Martín de Elines (imagen 3), y también en otras como Santa María de Piasca.

Más Información:

  • Miguel Ángel García Guinea, Románico en Cantabria, Ediciones de Librería Estudio, 1996.
  • Vicente Herbosa, El románico en Cantabria, Ediciones Lancia, 2002.
  • VVAA, Enciclopedia del Románico, Cantabria. Fundación Santa María la Real.
  • Jesús Herrera Marcos, Bestiario Románico en España, Cálamo, 2010, Págs. 103-107.
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